Hace ya algún tiempo vi Mon roi, un filme de Étienne Maïwen que gira en torno a una apasionada relación en la cual los protagonistas terminan en un repetitivo abuso emocional. Al salir de la sala me llevé en mi cabeza las palabras de uno de los personajes: “Si no duele, no es amor”. De ahí  me pregunté, cuando se está enamorada: ¿Qué y cómo se ama? ¿Se ama el cuerpo? ¿Las palabras? ¿La historia de una persona? ¿O todo en su conjunto? ¿En el amor nadie se puede librar de rendirse ante el otro? ¿Acaso el amor es un algo donde todo se soporta? Hoy emprendo este texto para exponer cómo hemos crecido y aprendido a vivir el amor romántico, las consecuencias de ello y me cuestiono si realmente existe sólo este camino.

El amor es una entrega al otro. Tomas la vida de la pareja como la propia, lloras, ruegas, te hincas, golpeas y te golpean, eres maltratada, abandonada, te deprimes, vas a terapia, sanas y vuelves a encontrar a alguien con quien pasar de nuevo la odisea, así hasta que encuentres a la alma gemela y puedas decirle al mundo que has triunfado, que no te has quedado sola. ¿Cómo y por qué llegamos a esto? La idealización y construcción del amor que actualmente impera se basa en la idea de amor romántico, que deviene de la Europa del siglo XVIII y atañe a este sentimiento una trascendencia y una felicidad del ser humano; apela a la complementariedad entre la mujer y el hombre que queda fijado con el contrato del matrimonio (1).

En esta relación hay dominadores y dominados, a las mujeres nos corresponde el segundo lugar. ¿Cómo se puede afirmar esto? Por los altos índices de violencia en las parejas. Según la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares, el 46.1% de mujeres mexicanas de 15 años y más han sido violentadas por su novio, cónyuge o esposo. Estas cifras involucran violencia emocional, que implica avergonzar a la mujer, compararla, ignorarla, amenazarla, difamarla, encerrarla y destruir sus objetos personales. También económica, como el reclamo por la manera en que gasta el dinero, lo que conlleva a que el hombre se adueñe del capital de la mujer; física, que va desde empujar, jalar el cabello, amarrar a la persona, patear, golpear con la mano o con objetos, tratar de ahogar o asfixiar y agredir o disparar con algún arma; y sexual,  en la que se obliga a tener relaciones sexuales y forzar a la mujer a hacer algo que no le gusta en la intimidad (2).

Aún hay más, del total de mujeres agredidas por sus parejas, el 73.8% señala que no denunció porque se trató de algo sin importancia o porque saben que su pareja no va a cambiar ya que, en otras palabras, creen que este tipo de acciones son parte de una relación, pues el amor ha naturalizado los celos, el acoso, la dependencia, las palabras hirientes, los reclamos, los castigos y hasta los golpes y violaciones. Es decir, hemos aprendido un amor donde nosotras estamos sometidas al otro.

Trato de imaginar el principio de todas esas relaciones y estoy segura que fue feliz, lleno de promesas, de entrega absoluta y de una posesión porque eso nos han dicho que es el amor: ser para el otro, entregarle de manera absoluta el cuerpo, los sentimientos, pensamientos, ideales, tiempo y hasta el dinero; porque nos han vendido la idea, y la hemos comprado, de que el otro es nuestra vida, que uno tiene que sentir dolor y hasta degradarse para obtener el final feliz que tanto nos han prometido. 

¿Qué y cómo se ama cuando se ama? Alguna vez Ricardo Venegas plasmó en un poema cómo pensaba ese sentimiento y, desde un recuerdo de su infancia, proclamó: “Imaginaba que el amor era una falta de hambre, una entrega gigante, algo muy santo en el estómago vacío”. Estas palabras me llevan a pensar en el amor como ese estado inefable y que, ante ello, sólo puedo enunciar lo que para mí significa amar: sentimientos y prácticas donde hay un intercambio de placeres, de apoyo, respeto y confianza en un ambiente de libertad. En el amor nosotras podemos realizar actividades solas o con la pareja, tener la capacidad de decir “no” cuando se esté en desacuerdo, vivir para una misma y para compartir con los demás. Significa guardar nuestra autonomía como mujeres, crecer como personas y retirarse de esa relación cuando ya no da más. 

Dicen que cuando nos enamorados perdemos la capacidad de pensar, de ver claramente lo que hacemos con y para el otro, pero ya los estudios sociológicos de las emociones señalan que lo racional con lo emocional no están separados y peleados. Entonces armonicemos ambas partes de nuestra persona, construyamos nuevas formas de amar en donde el dolor y la violencia no sean lo que prime. Si existen distintas maneras de apropiarnos de nuestros cuerpos, de ser mujeres, también debe haber diferentes caminos de amar.

No esperemos que la pareja llegue a despertarnos de un largo sueño como nos lo han contado la industria de los cuentos de princesas y también la sociedad. Despertemos nosotras mismas y descubramos nuevos horizontes, y si no los encontramos, pues inventemos nuevas rutas de amar. 

 

 

1.      Sáiz, Mónica (2013). Amor romántico, amor patriarcal y violencia machista. una aproximación crítica al pensamiento amoroso hegemónico de occidente. Madrid: Universidad Complutense de Madrid.

 

2.      Inmujeres (2011). Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares, México: Instituto Nacional de las Mujeres. 

Autoras

Aureliana es una mujer que pasa sus días armando rompecabezas y buscándolos. Quiere resolver el mundo. Quiere eliminar cualquier tipo de jerarquía que esclavice.

Aureliana

Artista visual que escribe cuando el mundo de mierda se le viene encima.

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Mujer, feminista, psicóloga clínica y psicodramatista en formación, busca en su trabajo la vinculación del Arte, herramienta que permite puentes entre la razón, la emoción, el mundo interno y el que puede ser exteriorizado en la creación humana. Actualmente trabaja en el Centro de Atención Psicológica, Arte y Consultoría como psicoterapeuta y en la creación de proyectos artísticos con enfoque terapéutico.

Eliza Tabares

(Estado de México, 1992) estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM. Decimonónica. Apasionada. Feminista porque no hay otro modo de ser, otro modo de ser human@ y libre.

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