En esta ocasión provocaré con la invitación a la lectura del último libro de Beatriz Espejo titulado Seis niñas ahogadas en una gota de agua publicado por la Universidad Autónoma Metropolitana, dentro de la colección Cultura universitaria. En este libro de ensayos, la narradora y también ensayista propone una lectura íntima sobre la obra de Guadalupe Amor, Guadalupe Dueñas, Elena Garro, Rosario Castellanos, Amparo Dávila e Inés Arredondo, y digo ínitima porque el tratamiento de cada retrato sostiene un fuerte vínculo con la obra de cada una. En ocasiones es tan esclarecedor que los juegos de luz y sombra develan toda clase de grietas y depresiones sobre la piel. A cada escritora, Espejo le da un toque particular como si se tratara de los propios personajes femeninos de sus cuentos que conforman El cantar del pecador, Premio Nacional de cuento de 1996,  pues el uso de la tercera persona convocado con maestría en su prosa nos lleva hasta la profundidad de la sombra que enaltece la luminosidad de cada mujer convocada a este encuentro. 

La importancia del libro radica en el hecho de que reúne la obra de las madres y abuelas de la literatura mexicana, estoy segura que a muchas de ellas no se les ha prestado la atención merecida como es el caso de las narradoras Guadalupe Dueñas o incluso a Amparo Dávila. Es cierto que el feminismo únicamente era esencial para Rosario Castellanos, figura substancial en nuestra lucha, sin embargo, resulta sumamente necesario conocer y comprender la obra y contexto de cada autora, sobre todo cuando en este espacio pugnamos por el arduo conocimiento de la producción artística e intelectual de muchas mujeres que desde el principio del siglo XX —tres décadas antes del derecho al sufragio en México— estaban decididas a construirse una habitación propia en la aventura literaria de la primera mitad del siglo XX.  

El desempeño de ensayista que se sabe absoluta conocedora del tema es contemplado instantáneamente en el ensayo de Rosario Castellanos. Quién no ha hablado de ella, quién no conoce la paradoja de su muerte, desde luego que muchas dicen que la han leído, que su Mujer que sabe latín las llevó al feminismo, a uno de tantos, pero acá Beatriz nos deja claro que para hablar de una figura tan importante de la generación de los cincuenta, hace falta maestría y ser en verdad escritora, saberse igual y escribir con sagacidad sobre la vida de una de nuestras madres literarias. 

El humor vítreo que retrata de cuerpo completo a las voces de un siglo plagado por cambios profundos deja ver tras de sí una especie de autorretrato, un compromiso vital con cada una de las convidadas a este festín de pasión y arte. A las nietas e hijas de todas ellas, no nos deja otra alternativa que revisitarlas todas las veces necesarias hasta que nosotras, al igual que Beatriz Espejo, seamos capaces de escribir con la misma fuerza y complicidad que nos demanda la invitación sáfica a la que Espejo con toda su obra ya ha sido convidada.

 

Autoras

Aureliana es una mujer que pasa sus días armando rompecabezas y buscándolos. Quiere resolver el mundo. Quiere eliminar cualquier tipo de jerarquía que esclavice.

Aureliana

Artista visual que escribe cuando el mundo de mierda se le viene encima.

Betza Violencia

Mujer, feminista, psicóloga clínica y psicodramatista en formación, busca en su trabajo la vinculación del Arte, herramienta que permite puentes entre la razón, la emoción, el mundo interno y el que puede ser exteriorizado en la creación humana. Actualmente trabaja en el Centro de Atención Psicológica, Arte y Consultoría como psicoterapeuta y en la creación de proyectos artísticos con enfoque terapéutico.

Eliza Tabares

(Estado de México, 1992) estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM. Decimonónica. Apasionada. Feminista porque no hay otro modo de ser, otro modo de ser human@ y libre.

Estefania

Lidice Villanueva

Magally Gallegos

Ninde

Noyola