La vida está llena de elecciones. Las elecciones se hacen presentes desde muy temprana edad; desde que éramos pequeños y nuestras madres o padres nos preguntaban qué color de ropa nos gustaría vestir, o qué película disponible en la cartelera del cine nos gustaría ver. Aquellas elecciones eran tan sencillas de tomar porque siempre éramos sinceros con nosotros mismos para tomarlas: no elegirías el vestido azul simplemente porque el verde te gustaba más, y definitivamente no entrarías a ver “Comer, rezar, amar” porque  la película que tú querías ver era “Tierra de Osos” y nadie te haría cambiar de decisión. Sí, cuando éramos pequeños éramos firmes y poseíamos una convicción inquebrantable al momento de tomar decisiones, o al menos ese es el caso de la mayoría de los niños. 

Sin embargo, conforme fuimos creciendo tomar elecciones dejó de ser sencillo, y peor aún, ya no las tomábamos por nosotros mismos. Al momento de elegir carrera consultamos a nuestros padres porque claro, era una gran elección y nuestro futuro dependía de ella. Cuando llegó el momento de elegir pareja una de las cuestiones que consciente o inconscientemente más tomamos en cuenta fue la opinión que el mundo tiene de esa persona: si es bien parecido, si tiene buen trabajo o estudia una carrera prometedora, si es sociable, si es considerado, etc. 

¿Por qué, muchas veces, nos dejamos llevar por aquello que los demás piensan que es correcto en lugar de llegar a una conclusión nosotras mismas con base a nuestros deseos y propias creencias?

 Tal vez el concepto de “Opinión pública” pueda ayudarnos en nuestra búsqueda de la respuesta a la pregunta anterior. “Algunos entienden la opinión pública como la opinión de la gente, como lo que la sumatoria de lo que los individuos que conforman una población opinan acerca de un tema en particular. Otros, en cambio, la conciben como la opinión de unos pocos, la opinión de una minoría o de las élites dentro de una sociedad” (Orlando D´Adamo, 2007). En términos generales, podríamos decir que la opinión pública es la expresión de cualquier colectivo que tenga la capacidad de manifestarse en un ámbito socialmente visible. 

Es evidente que el proceso de formación de la opinión pública se trata de un fenómeno social en el que participan una multiplicidad de factores (sobre todo aquellos relacionados con comunicación política, porque después de todo, el ser humano es un ente político) relacionados con las características del entorno  en el que se da el propio proceso.

Si pensamos que la opinión pública no es más que un imaginario social, al igual que las emociones o la noticia, pero elevada a la categoría de institución, podemos generar una idea del fuerte impacto que tiene en las masas. 

Según Elisabeth Noelle Neumann, una brillante politóloga alemana, el concepto de “pública” debe entenderse en el sentido de apertura, es decir, ver al público como un tribunal, como un juez ante el cual el individuo tiene que comportarse correctamente, si es que quiere evitar que los aíslen. Ella decía que nos damos cuenta de la enorme presión que la opinión pública ejerce sobre todos los miembros de la sociedad de la misma manera que no nos fijamos en la presión atmosférica, pero aunque a veces sea difícil de percibir, lo cierto es que su fuerza es tremenda.

Neumann afirmaba que cualquier minoría que se oponga a la opinión dominante quedará aislada o se quedará en silencio por el miedo a no encajar y ser rechazado, lo que me lleva a mencionar su contribución más famosa: el modelo o teoría de la Espiral del Silencio. 

La teoría de la espiral del silencio se explica a partir de cuatro supuestos básicos, todos relacionados entre sí: primero, las personas tenemos un miedo innato al aislamiento; segundo, la sociedad amenaza con el aislamiento al individuo que se desvía; tercero, como consecuencia de ese miedo, el individuo intenta captar corrientes de opinión; y cuarto, los resultados de ese cálculo afecta la expresión o el ocultamiento de las opiniones. Sin embargo, estos supuestos se pueden resumir en un solo razonamiento: la opinión pública es entendida como un mecanismo social que hace posible la cohesión y la integración de los grupos humanos. (Dittus, 2005, pág. 62)

Todo lo anterior nos ayuda a entender, desde un punto de vista meramente académico, por qué nos dejamos llevar por la opinión de aquellos que nos rodean y a quienes respetamos para tomar decisiones. Sin embargo, es importante entender que esas decisiones nos afectan en mayor medida a nosotros “los actores de nuestra propia vida”, y esa es la razón por la que la única opinión que nos debería importar es la opinión de uno mismo. 

 

Referencias:

Orlando D´Adamo, V. G. (2007). Medios de comunicación y opinión pública. España: McGRAW-HILL/INTERAMERICANA DE ESPAÑA, S.A.U.

Dittus, B. (2005). La opinión pública y los imaginarios sociales: hacia una redefinición de la espiral del silencio. In Athenea digital: revista de pensamiento e investigación social.

 

 

Autoras

Aureliana es una mujer que pasa sus días armando rompecabezas y buscándolos. Quiere resolver el mundo. Quiere eliminar cualquier tipo de jerarquía que esclavice.

Aureliana

Artista visual que escribe cuando el mundo de mierda se le viene encima.

Betza Violencia

Mujer, feminista, psicóloga clínica y psicodramatista en formación, busca en su trabajo la vinculación del Arte, herramienta que permite puentes entre la razón, la emoción, el mundo interno y el que puede ser exteriorizado en la creación humana. Actualmente trabaja en el Centro de Atención Psicológica, Arte y Consultoría como psicoterapeuta y en la creación de proyectos artísticos con enfoque terapéutico.

Eliza Tabares

(Estado de México, 1992) estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM. Decimonónica. Apasionada. Feminista porque no hay otro modo de ser, otro modo de ser human@ y libre.

Estefania

Lidice Villanueva

Magally Gallegos

Ninde

Noyola