Por Seluna Romero

 

@selenchita

 

Antes de ser lesbiana yo pensaba que el lesbianismo sexualmente no podía ofrecerme nada que no tuviera. Que el deseo sexual venía de nacimiento. Con certeza afirmaba que no me erotizaban las mujeres. Luego tuve esa época en que una asume que vive en la libertad sexual sin prejuicio, así fue como tuve prácticas sexuales con mujeres.  En ese momento no me interesé en analizar esta experiencia porque pensaba en ese discurso de que todes somos personas, sin importar qué cuerpa o qué cuerpo, porque lo que importaba era la deconstrucción. Que lo que me atraía no eran corporalidades si no lo que me gustaba de la gente era el análisis, el pensar y actuar de ellas. Me decía pansexual, sapiosexual, yoquesésexual. Yo estaba segura que follaba con gente, ya saben, el contenido es lo que importa. Hoy, viviendo, asumiéndome y estando lesbiana, puedo decirles que este recuerdo me viene de pronto y me da risa. Claro que el contenido es lo que importa, pero el contenido es una suma de experiencias, de saberes, de historias, de relatos, opresiones, privilegios y construcciones sistémicas. 


Ahí estoy con ella, con alguna ella, con ellas. Y las miro, desnudas, o gimientes, o riendo, o recién descubriendo placeres que no conocían, o besando, o palpando… Siempre pasa que alguna de nosotras dice o piensa que esto del sexo lésbicofeminista debería ocurrirle a todas. Estoy con ellas y estoy segura que este acuerdo de placer es sin duda una gran rebeldía. Y es que además de desnaturalizar la heterosexualidad, de deconstruirnos el deseo, de pensar nuevas resistencias, pienso que este acto mismito de estar compartiendo la cuerpa y el placer con una mujer, es ya toda una apuesta política. 
Yo estoy ahí, con esta cuerpa que porto, mi territoria autónoma, de lucha, de resistencia, con sus historicidades, con geográficas alegrías y también con sus marcas de violencia patriarcal colonial. Esta cuerpa que muchas veces desprecié, que tiene heridas de antaño y dolores recientes. Esta misma cuerpa que también carga con las historias de heridas y placer de las ancestras. Una cuerpa atravesada, sí, por una historia de colonización que se apropió de las terrirtorias de nuestras abuelas mediante violaciones.  Que carga  con la colonialidad que nos ha interiorizado inferioridad frente a las mujeres blancas,  Esta cuerpa que todos los días lidia y combate su propia gordafobia, su propio racismo. Mi cuerpa morena, pequeña y gorda. En fin, una territoria en radical resistencia en este panorama de colonialidad. Esta cuerpa que para el heterocapitalismo es objeto de consumo, que representa fuerza de trabajo,  un bien de reproducción,  que se piensa debe estar al servicio y placer de ellos (siempre el centro ellos), un objeto desechable cuando no cumpla lo que se espera de ella. Cuerpa negada, invisibilizada, no nombrada. Esta territoria atravesada por un contexto brutalmente heterosexual en el que siete mujeres son asesinadas diariamente. Ésta, mi primera territoria, mi trinchera. Una cuerpa que como les digo, trae sus propias heridas, su propia historia de resistencia. Ésta es compartida con otra cuerpa, otra que también trae su propia geografía, sus propias historias de violencia y resistencia. Mi territoria se comparte con otra cuerpa que tiene una historicidad muy cercana a la mía. 

Ella, alguna ella o ellas, y yo, nosotras, con nuestras territorias, compartiendo, alimentando de placeres. No queremos una territoria invadida, conquistada, ni ocupada. No nos gustan las colonizaciones. Nosotras creamos puentes bailando, lanchitas de manos que van de un lado a otro, se pierden las fronteras entre las pieles y las risas, los besos juntan todas las islas, todos los mares, todos los ríos. Yo erotizo aquella territoria que durante años aprendí que debí criticar, juzgar, menospreciar. Y ella, alguna ella o ellas, erotizan esta territoria, que durante años asumí despreciable.

A siete años de ser lesbiana conversa, me sigue pareciendo una experiencia única este acto de placer lésbico feminista compartido. Me parece único cómo nuestras cuerpas atravesadas por estas historias, por la lógica de colonialidad que atraviesa nuestras geografías no hegemónicas, deciden aceptarse y aceptar a la otra, deciden querer a la otra y quererse a una misma. Y no es tan importante ser deseada como sí lo es desaprender lo que deseamos. Me sigue pareciendo verdaderamente único este acto de reconocimiento, de gustar del placer de otra, incluso de este mínimo acto que representa besar la estría de otra. Es como decir: tómenla heteropatriarcado y colonialismo, yo no sólo acepto y quiero esta cuerpa mía, yo quiero la territoria de mi compañera de utopías. 
Entonces no hablo de genitales, ni hablo de un género por muy en deconstrucción que esté, yo hablo de historicidades, de territorias con historicidades parecidas y compartidas. Y ningún hombre, onvre o nueva masculinidad, y me atrevería a señalar que hoy en día ninguna mujer blancaeuropea, sin importar la genitalidad que tenga, ningune de estas personas comparten historicidades de resistencia con nosotras.

 

 

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Aureliana es una mujer que pasa sus días armando rompecabezas y buscándolos. Quiere resolver el mundo. Quiere eliminar cualquier tipo de jerarquía que esclavice.

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Mujer, feminista, psicóloga clínica y psicodramatista en formación, busca en su trabajo la vinculación del Arte, herramienta que permite puentes entre la razón, la emoción, el mundo interno y el que puede ser exteriorizado en la creación humana. Actualmente trabaja en el Centro de Atención Psicológica, Arte y Consultoría como psicoterapeuta y en la creación de proyectos artísticos con enfoque terapéutico.

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(Estado de México, 1992) estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM. Decimonónica. Apasionada. Feminista porque no hay otro modo de ser, otro modo de ser human@ y libre.

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