Por Viviane Torres Granados

Hace un año comencé una relación con una  mujer. He comprobado lo que desde mi adolescencia sabía: puedo relacionarme-erotizarme-enamorarme con mi propio sexo, algo que acepto en mí tal como el color de mis ojos (color que el mundo denomina “café”). Yo no tenía el menor conflicto en ir con ella de la mano por la calle, abrazarnos o besarnos públicamente, pero no tardé en encontrarme con un par de asiduos detractores que consideran que mi color de ojos está mal y condensan algunos de los prejuicios de los que podría ser objeto: que soy una pecadora, que estoy confundida y debo decidirme, que busco atención al exhibirme con ella, que lo hago por rebeldía… 

He pasado un año queriendo explicarme, negando sus acusaciones, amparándome en que simplemente yo soy así y que estoy enamorada, pero aludir a la naturalidad no es un argumento válido para nadie en este debate y el amor también debe ser cuestionado, por lo que ahora extiendo esta respuesta como mi postura ante una sociedad que invisibiliza, niega, se burla, condena, castiga y mata a las mujeres lesbianas: 

Sí, lo hago por rebeldía. Me rebelo a la etiqueta que por default me pusieron y que busca normar mis deseos, conductas, afectos y hasta el uso que le doy a mi cuerpo. Me rebelo a la “naturaleza” impuesta que dicta que por ser mujer me deben gustar los hombres, me rebelo a centrar mi placer en su falo, me rebelo a seguir siendo de su propiedad después de milenios de haberlo sido. Me rebelo hasta a Dios y a su palabra (hombre tenía que ser) que manda que la mujer debe obedecer y servir al varón. 

Me rebelo al pudor y las buenas costumbres y beso a la mujer que amo frente a los niños. Me rebelo a los acusadores, a sus burlas e invalidación y a la esperanza que guardan de que algún día se me pase, mientras sostengo mi decisión. Porque sí: elijo ser lesbiana. Entre más lo pienso, más aprendo y más lo vivo, sigo y sigo eligiendo la lesbiandad como opción de vida, mucho más allá de mi orientación sexual. 

Elijo ser lesbiana y me rebelo al dejar de creer que está bien toda aquella opresión y violencia disfrazada en las relaciones entre hombres y mujeres que aprendí al crecer. Me rebelo a esa “normalidad” porque no quiero que vuelva a dañarme y hacerme creer que soy un ser humano inferior, débil, sumiso y dependiente. Me rebelo a mí misma, a todo lo que hice y sentí antes.

Me rebelo para llamar la atención de todas aquellas que permanecen cómodas bajo las ideas de siempre, para invitarlas a pensar en otra posibilidad más allá de la programación impuesta. Me rebelo para llamar la atención sobre todas aquellas que por rebelarse han sido maltratadas, agredidas, asesinadas. Me rebelo para llamar la atención sobre todas nosotras que hemos sido omitidas por los ojos que no nos quieren ver.

Sí, busco llamar la atención sobre nosotras, mujeres que amamos a otras mujeres, para recordarles que existimos, que somos y que estamos resistiendo las suposiciones, las burlas, mitos, rechazo, miedo, enfado y agresiones que generan nuestra renuncia a seguir con lo establecido, con lo que nos enseñaron que debemos ser y hacer y para lo(s) que nos dijeron que deberíamos estar. 

Me rebelo desde la pantalla de mi computadora, desde el seno de una familia que pretende que no pasa nada, me rebelo desde mi discretísima existencia en medio de un pueblo mexiquense, desde mis 23 pasados años sin cuestionar nada y siguiendo la corriente. Me rebelo desde el sentimiento, desde la rabia que se siente en el estómago y las groserías que hacen un nudo en la garganta al darme cuenta de la impunidad que el sistema ampara y desde la impotencia inicial que produce querer cambiar al mundo de un día para otro. 

Me rebelo entonces desde el pequeño nicho de poder del que dispongo: mi cuerpo. Me rebelo al dejarme sentir, al dejarme gozar, al compartirme con quien yo quiero y decorarme como se me antoje. Me rebelo desde el afecto compartido con una pareja que sí es pareja; me rebelo desde el intelecto al querer conocer ideas que los libros de siempre no dicen. Me rebelo desde este discurso para reafirmarme en el ejercicio. Me rebelo porque puedo y por las que no pueden; me rebelo porque quiero y por las que no quieren. Me rebelo hoy y para siempre. 

 

 

Autoras

Aureliana es una mujer que pasa sus días armando rompecabezas y buscándolos. Quiere resolver el mundo. Quiere eliminar cualquier tipo de jerarquía que esclavice.

Aureliana

Artista visual que escribe cuando el mundo de mierda se le viene encima.

Betza Violencia

Mujer, feminista, psicóloga clínica y psicodramatista en formación, busca en su trabajo la vinculación del Arte, herramienta que permite puentes entre la razón, la emoción, el mundo interno y el que puede ser exteriorizado en la creación humana. Actualmente trabaja en el Centro de Atención Psicológica, Arte y Consultoría como psicoterapeuta y en la creación de proyectos artísticos con enfoque terapéutico.

Eliza Tabares

(Estado de México, 1992) estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM. Decimonónica. Apasionada. Feminista porque no hay otro modo de ser, otro modo de ser human@ y libre.

Estefania

Lidice Villanueva

Magally Gallegos

Ninde

Noyola