Dedico esto a mi madre, a mi hermana y a mi abuela. Lo dedico a mis colegas, a mis maestras y a mis lectoras. Lo dedico a todas las mujeres.

El paso nosotras sobre la tierra no ha sido cosa fácil. Hemos vivido por casi veinte siglos a la sombra de los hombres, quienes parece, gozan de ser artistas, académicos, diplomáticos y empresarios y dejar testimonio de ello. Mientras que nosotras hemos luchado por recuperar nuestras memorias y por ocupar puestos importantes en el mundo. E incluso a estas alturas, hay quien cree que eso no es importante.

Soy de la otra mitad de la humanidad, a esa a la que no dejaban ir a la universidad, pero su sed de cambio nos permite ahora estudiar en una facultad. Ahora me siento en posición de exigir, porque es mi derecho caminar sin miedo, a ocupar espacios públicos, a decir lo que pienso y a tener control sobre mi cuerpo. El ser mujer no debe dar permiso a los otros para insultarnos, maltratarnos o creer que tienen posesión de nosotras.

No exhorto a los hombres a respetar a las mujeres sólo porque alguna de las víctimas de la violencia de género pueda ser su madre o su hermana. En su lugar, reitero nuestra condición de seres humanos, de personas y del lugar igualitario que debemos ocupar frente a los ojos de todos.

Agradezco a todas las mujeres que estuvieron antes de mí, a las que están conmigo y a las que vendrán después. Agradezco a las mujeres que se sintieron incómodas y decidieron levantarse y denunciar lo que les parecía injusto. Aplaudo las luchas diversificadas. A las mujeres que salieron a las calles y gritaron consignas de libertad. Me emociona formar parte de ese frente que no se cansa y que cada día crece. No me preocupa convencer a los que critican, porque no nos van a detener. Mi causa es denunciar a los que oprimen.

No me creo la falacia de justicia social, ni necesito que me digan que las cosas están bien así. No quiero tomar el lugar de nadie, quiero ser fuerte en mi propio lugar.

No  me importa si te depilas o no, si te maquillas o no, si lloras o no, si quieres ser homoheterotransflexible y correr bajo el manto de lo queer. Esa es tú decisión, quiero que tengas derecho a decidir.

No puedo decir que sea fácil, porque es una comezón que no se quita, porque si alzas la voz seguro que te caerán miradas de desaprobación. Si deseas tener control sobre tu vida, la vas a pasar mal. Tendrás que enfrentarte a los incrédulos, a los conservadores y a los ciegos.

No lucho para mí, lucho para dar voz a todas las mujeres que deseen ser escuchadas. Lucho para que una mañana, tal vez las hijas de las hijas de nuestras hijas estudien este trozo de historia en la escuela y se sientan orgullosas de lo que hemos hecho.

Lucho porque no se maltrate y mutile a las niñas y mujeres. Lucho por el amor al cuerpo y a la vida. Lucho por el privilegio y la libertad, por la decisión propia. El tótem muere con el tabú.

Mi gran deseo es que un día las mujeres se levanten por la mañana sin miedo de ser mujeres.

Lucho para que nadie crea que tiene poder sobre nosotras.

Autoras

Aureliana es una mujer que pasa sus días armando rompecabezas y buscándolos. Quiere resolver el mundo. Quiere eliminar cualquier tipo de jerarquía que esclavice.

Aureliana

Artista visual que escribe cuando el mundo de mierda se le viene encima.

Betza Violencia

Mujer, feminista, psicóloga clínica y psicodramatista en formación, busca en su trabajo la vinculación del Arte, herramienta que permite puentes entre la razón, la emoción, el mundo interno y el que puede ser exteriorizado en la creación humana. Actualmente trabaja en el Centro de Atención Psicológica, Arte y Consultoría como psicoterapeuta y en la creación de proyectos artísticos con enfoque terapéutico.

Eliza Tabares

(Estado de México, 1992) estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM. Decimonónica. Apasionada. Feminista porque no hay otro modo de ser, otro modo de ser human@ y libre.

Estefania

Lidice Villanueva

Magally Gallegos

Ninde

Noyola