Como asidua lectora de contenido web, hace poco me encontré con dos notas que contenían situaciones que merecían la pena estudiar. La primera sobre una chica mexicana que se declara abiertamente una activista antifeminismo; y la segunda, una feminista brasileña que pedía perdón a la comunidad cristiana por haberlos ofendido con su activismo al cual renunciaba ipso facto.

Lo que me llama poderosamente la atención de esto es que detecto que tanto en el caso de Andrea Arriola como en el de Sara Winter el patriarcado sale ganador gracias a la comodidad.

¿Comodidad? Y ustedes harán muecas al leerme, pero sí, eso pienso, una muy humilde y nada importante opinión vertida por un ama de casa promedio: comodidad.

Pero, además, me parece que ellas desde su punto de vista tienen toda la razón.

¿Razón? Y aquí vuelven a hacer muecas.

Sí, yo les doy la razón, yo que sufro todos los días lo incómodo de declararse abiertamente feminista en una sociedad machista y heteropatriarcal como la mexicana.

Es que nada más pónganse a pensar. Al menos yo, que ya estoy treintona y nací a mediados de los 80´s, para darme cuenta de que lo que yo creía que era normal no debía de serlo y podía cambiar tuve que pasar años documentándome, formándome y re-educándome.

Tuve que enfrentarme constantemente a las ideas, acciones y opiniones de todas las personas que estaban cómodamente sentadas viendo la vida desde su normatividad, sin mover un dedo, sin leer una línea, vaya, sin tener que desgastarse física, moral e intelectualmente producto de haber alimentado libremente su conciencia, arañando en el sin-sentido común que rige globalmente.

A personas como Andrea las envidio enormemente, ellas no van por la vida sometiendo a escrutinio mental todo lo que leen, ven, escuchan, dicen o hacen. A personas como Sara las entiendo, es agotador hacerlo. Entiendo a la perfección que ambas decidan libremente acomodarse junto al resto de las personas que permanecen inmutables al cambio, porque las acciones cuestan, y cuestan mucho.

Para asumirse, declararse y permanecer feminista hace falta mucho esfuerzo y dedicación, ya que no es esa la estructura “natural” de la sociedad, estamos tratando de nadar contra la corriente, hemos nacido en entornos culturales y familiares machistas que lo son aún sin querer asumirlo porque la realidad que conocen es esa y porque cuestionarla supone un trabajo arduo que pocas personas están interesadas en realizar.

Es un ejercicio agotador ese de vencer la resistencia al cambio y apenas estamos llevándolo a cabo de manera personal y familiar, creo que aún estamos lejos de hacerlo a escalas mayores. Implicaría un cambio de paradigma que, si bien ha comenzado a gestarse, aún requiere de generaciones de seres humanos que crezcan en entornos con condiciones de equidad para asegurarse de poder alcanzar una verdadera igualdad entre géneros y congéneres.

Cuesta trabajo ser feminista. Para verter una opinión sobre un tema hay que estudiarlo y profundizar en él, no quedarnos en la comodidad de saber sólo lo que otros piensan y replicar la información como autómatas; hay que ir a las fuentes y construir nuestras propias ideas al respecto, contrastarlas con ideas ajenas y así generar un conocimiento totalmente nuevo. Esto es algo que Andrea no hace, por comodidad.

Cuesta trabajo ser feminista. Levantarse cada día y ver la realidad, la que no queremos asumir porque implica la posibilidad de que nosotras o las mujeres a las que amamos no vuelvan a casa por la noche. ¿Para qué seguirme preocupando si al final no hay mucho que yo pueda aportar para resolver el problema? Y así fue como Sara se retiró, por comodidad.

Y les digo que esto no es un ejercicio de juicio, es un acto de sororidad, yo las entiendo, sólo les pido de favor a todas las personas que piensan como ellas que me entiendan a mí. Yo no elegí la vida cómoda así que por favor ténganme un poco de consideración y cada vez que me enfrente al arduo trabajo de impartir una charla o taller consideren el tiempo y el esfuerzo invertidos en ello; que por el momento no pienso darme por vencida, aún tengo el coraje y la convicción suficientes para plantarle cara a la injusticia y a la desigualdad.

Porque no pienso morir en el intento, que para levantarme de mi butaca acojinada sólo me hace falta verme en todas las demás que necesitan de esta lucha.


 

Autora: Gagudelepa

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Aureliana es una mujer que pasa sus días armando rompecabezas y buscándolos. Quiere resolver el mundo. Quiere eliminar cualquier tipo de jerarquía que esclavice.

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Artista visual que escribe cuando el mundo de mierda se le viene encima.

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Mujer, feminista, psicóloga clínica y psicodramatista en formación, busca en su trabajo la vinculación del Arte, herramienta que permite puentes entre la razón, la emoción, el mundo interno y el que puede ser exteriorizado en la creación humana. Actualmente trabaja en el Centro de Atención Psicológica, Arte y Consultoría como psicoterapeuta y en la creación de proyectos artísticos con enfoque terapéutico.

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(Estado de México, 1992) estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM. Decimonónica. Apasionada. Feminista porque no hay otro modo de ser, otro modo de ser human@ y libre.

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