El colectivo de bloggeras/columnistas de Mundo Procaz siempre estamos escribiendo en primera persona. Eso me gusta porque, en cierto sentido, estas mujeres creemos que somos sujetos históricos y que nuestras vivencias, reflexiones y palabras valen. Escribimos y estamos en los márgenes de la academia, de los reflectores, de los formatos convencionales de transmitir el conocimiento. Pero eso no nos hace inferiores, ni superiores. No descubrimos el hilo negro del machismo ni las perlas de los feminismos; sólo reiteramos lo que miles de mujeres en todas partes del mundo están viviendo: un despertar colectivo que denuncia este sistema tan inhumano y que nosotras, las mujeres del mundo, aquí y en el ahora, estamos uniendo nuestras fuerzas nuestras causas, nuestras voces, nuestros esfuerzos por hacer de esto algo diferente. Tenemos un poder que sólo visionarios pueden discernir; nuestro poder es nuestra misma presencia.

Somos una comunidad virtual que, desde su cotidianidad, lanza una piedra al océano. No hay pretensiones de superioridad, pues sí algo nos enseña el feminismo es a cuestionar el privilegio y las desigualdades en las que se mueve constantemente nuestra identidad. Y por esa deconstrucción que constantemente estamos haciendo, también creemos que lo que hagamos hoy y lo que digamos, acordemos o señalemos tendrá un efecto. Eso es tener sentido de historicidad. Cuando se nos critica de salir a las calles a manifestarnos, cuando nuestros posts o consignas están llenas de anarquía que reclaman justicia, estereotipos mil nos asechan. Cuando en tonos irónicos nos cuestionan por lo que pensamos o creemos, piensan que nos van a desmoralizar, humillar nuestra autoestima y hacernos dudar de nuestros compromisos por hacer de este mundo algo diferente. Nuestros detractores desean despolitizar nuestras acciones, desean desacreditar los movimientos de mujeres, romper alianzas y negarnos el derecho a equivocarnos. Pero no lo lograrán, no volverán a cerrarnos la boca, no lo harán. En eso sí, ¡somos radicales!: cada vez que una mujer rompe el silencio, otras más se levantan; cada vez que una mujer es víctima de violencia otras más deciden pactar entre sí y cuidarse entre sí.

Ser mujer en este sistema neoliberal es difícil. No es fácil levantarse en medio del dolor y la precariedad, cuando ser mujer se quiere reducir a objeto y mercancía. Pero hoy, las mujeres nos negamos a ser objetos, mercancías, cuerpos biológicos, almas a redimir, vidas que administrar. No nos iremos, porque no hay a donde comenzar de cero: este es nuestro hogar; estos son los cuerpos que habitamos, los dolores que nos sangran el alma, las pérdidas que no se podrán reparar. Y si, soñamos con la justicia, con la equidad, con el trato amable y la ternura; con el abrazo y el beso que nos enchina la piel. Y si, soñamos con tener un trabajo que disfrutemos, gastemos el dinero en fiesta, solidaridad y vida, sin más deudas que pagarles a las oligarquías de nuestros países. Soñamos con que nuestros hijos e hijas puedan ser personas libres de racismo, discriminación y con autodeterminación. Soñamos con romper los lastres del imperialismo y la colonización para mirar nuestros cuerpos amados, deseados, lastimados, transformados por el devenir de la vida, pero libres para abrirse al amor y el perdón. Por eso, aquí estamos y no nos iremos. ¡Haremos historia! Y cada vez que sea necesario saldremos a la calle, pintaremos nuestros cuerpos con consignas, gritaremos que Vivas nos queremos. Nos convocaremos, haremos manifiestos, peticiones en Change.com, cabildearemos en favor de las mujeres y las comunidades a las cuales nos pertenecemos; lloraremos por lo que pasa a nuestras hermanas y también celebraremos cuando causas locales o ajenas triunfen en pos de todas. Porque con ese orgullo y con esa determinación de sabernos sujetos históricos, recuperamos las palabras de Maya Angelou:

 

Tú puedes escribirme en la historia

con tus amargas, torcidas mentiras,

puedes aventarme al fango

y aun así, como el polvo… me levanto.

¿Mi descaro te molesta?

Por qué estás ahí quieto, apesadumbrado?

Porque camino

como si fuera dueña de pozos petroleros

bombeando en la sala de mi casa…

Como lunas y como soles,

con la certeza de las mareas,

como las esperanzas brincando alto,

así… yo me levanto.

¿Me quieres ver destrozada?

cabeza agachada y ojos bajos,

hombros caídos como lágrimas,

debilitados por mi llanto desconsolado.

¿Mi arrogancia te ofende?

No lo tomes tan a pecho,

Porque yo río como si tuviera minas de oro

excavándose en el mismo patio de mi casa.

Puedes dispararme con tus palabras,

puedes herirme con tus ojos,

puedes matarme con tu odio,

y aun así, como el aire, me levanto.

¿Mi sensualidad te molesta?

¿Surge como una sorpresa

que yo baile como si tuviera diamantes

ahí, donde se encuentran mis muslos?

De las barracas de vergüenza de la historia

yo me levanto

desde el pasado enraizado en dolor

yo me levanto

soy un negro océano, amplio e inquieto,

manando

me extiendo, sobre la marea,

dejando atrás noches de temor, de terror,

me levanto,

a un amanecer maravillosamente claro,

me levanto,

brindado los regalos legados por mis ancestros.

Yo soy el sueño y la esperanza del esclavo.

Me levanto.

Me levanto.

Me levanto.

Autoras

Aureliana es una mujer que pasa sus días armando rompecabezas y buscándolos. Quiere resolver el mundo. Quiere eliminar cualquier tipo de jerarquía que esclavice.

Aureliana

Artista visual que escribe cuando el mundo de mierda se le viene encima.

Betza Violencia

Mujer, feminista, psicóloga clínica y psicodramatista en formación, busca en su trabajo la vinculación del Arte, herramienta que permite puentes entre la razón, la emoción, el mundo interno y el que puede ser exteriorizado en la creación humana. Actualmente trabaja en el Centro de Atención Psicológica, Arte y Consultoría como psicoterapeuta y en la creación de proyectos artísticos con enfoque terapéutico.

Eliza Tabares

(Estado de México, 1992) estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM. Decimonónica. Apasionada. Feminista porque no hay otro modo de ser, otro modo de ser human@ y libre.

Estefania

Lidice Villanueva

Magally Gallegos

Ninde

Noyola