El 11 de octubre se celebró el Día Internacional de la Niña, ante dicho evento no quería dejar de recordar un caso significativo en la historia de la humanidad. Hace más de dos años, el 14 de abril de 2014, un hecho social hizo eco en el mundo: el secuestro de más de 200 niñas en Nigeria por el grupo conocido como Boko Haram. Niñas y jóvenes fueron raptadas en su colegio ubicado en Chibok; camiones arribaron al sitio, llamaron a todas a concentrarse en el patio y, sin más, se las llevaron. El dolor de sus familiares se enfrentó con una incapacidad de respuesta para traer de vuelta a las menores. Incluso se puede recordar a un padre de una de las menores, quien frente a Malala pronunció: “No voy a decir el nombre de mi hija porque cuando lo hago la emoción me llena y no dejo de llorar”.

Tuvieron que ser secuestradas más de 200 niñas para que el mundo volteara hacia este país y se supiera que no era la primera vez que las mujeres habían sido privadas de su libertad. Boko Haram es un grupo que pretende llevar una doctrina musulmana ortodoxa en donde no exista educación para las mujeres, de ahí que atacaran para “avisar” sobre su presencia y el peligro de que las niñas del norte de Nigeria sigan en la escuela.

Enfrentar este patriarcado tiene consecuencias en el modus vivendi de las mujeres porque luego de este ataque, que no ha sido el único, muchos padres han evitado mandar a sus hijas a las escuelas por el temor de perderlas. Esto atemoriza a la población y las menores crecen con miedo por ser asaltadas en cualquier momento. De modo que vuelven a concentrarse en las tareas de sus hogares como un lugar donde no habrá daño ni represalias por estudiar y con una advertencia: si una mujer estudia, puede ser secuestrada.

Posterior a este evento fueron liberadas jóvenes secuestradas por Boko Haram, pero entre ellas no se encontraban las niñas de Chibok. Sin embargo, se hallaban decenas de menores en estados de desnutrición, violentadas física, emocional y sexualmente y, sobre todo, muchas de ellas  embarazadas. Algunas dieron su testimonio de cómo se convirtieron en “máquinas sexuales”, según informaron algunos medios de comunicación.

Este caso trae de nueva cuenta el uso de la violación sexual como una estrategia de terror y de amenaza para vencer al enemigo, que en este caso pareciera es la comunidad porque permite la educación igualitaria. Sin embargo, la violación sexual no termina ahí sino en muchos casos en el embarazo, el cual se desarrolla en un estado de depresión y curación de las heridas corporales, por lo que hay una repetición sobre lo enfrentado. ¿Y cómo olvidarlo? ¿Cómo dejar atrás las múltiples violaciones? Ya no se hable sobre las niñas que no han regresado y, según declaraciones de este grupo terrorista, ahora viven en matrimonio en diferentes regiones. El patriarcado usa la violación sexual para demostrar que las mujeres deben permanecer en las casas y al lado de los hombres; y para que lo recuerden las dañan y embarazan como un acto físico y simbólico de su poder. Este medio se ha usado históricamente y no termina.

Hace unos días las noticias trajeron de nueva cuenta el caso: 12 niñas fueron liberadas luego de una negociación del gobierno de Nigeria con Boko Haram. El ambiente, según videos divulgados, se llenó de un masivo llanto de alegría por la presencia de las menores. A la par de esta bienvenida, la Asociación de Desarrollo de Chibok anunció que las niñas y jóvenes serán trasladadas al extranjero para que estudien ahí, pues si permanecen en su comunidad enfrentarán una estigmatización social de por vida, pues su “pureza” se ha visto mancillada.

 

El gobierno de Nigeria señala que las negociaciones siguen por la recuperación de las menores, a lo que la sigue la pregunta ¿dónde están nuestras niñas? Este caso, como tantos, parece que cada vez se olvidan más. Desde aquí no olvidamos y alzamos la voz: BringBackOurGirls.

Autoras

Aureliana es una mujer que pasa sus días armando rompecabezas y buscándolos. Quiere resolver el mundo. Quiere eliminar cualquier tipo de jerarquía que esclavice.

Aureliana

Artista visual que escribe cuando el mundo de mierda se le viene encima.

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Mujer, feminista, psicóloga clínica y psicodramatista en formación, busca en su trabajo la vinculación del Arte, herramienta que permite puentes entre la razón, la emoción, el mundo interno y el que puede ser exteriorizado en la creación humana. Actualmente trabaja en el Centro de Atención Psicológica, Arte y Consultoría como psicoterapeuta y en la creación de proyectos artísticos con enfoque terapéutico.

Eliza Tabares

(Estado de México, 1992) estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM. Decimonónica. Apasionada. Feminista porque no hay otro modo de ser, otro modo de ser human@ y libre.

Estefania

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