La verdad es que yo desde hace tiempo que me siento muy científica social, para mí la ciencia está al servicio del mundo. La ciencia mejora la calidad de vida de todo aquello que habita y rodea la Tierra. Nunca he pensado que las ciencias deban estar solo al servicio de los grupos de poder y creo firmemente que aquellos que nos estamos formando en academia tenemos la obligación de simplificar el cúmulo de conocimientos para transmitirlo a los menos instruidos y ellos a otros. Pero qué pasa cuando los estudios, las investigaciones, los métodos y la epistemología se centran en un solo colectivo y dejan a muchos sujetos de lado.

Hasta hace poco los infartos en mujeres no se detectaban, no porque no los padeciéramos, sino porque los síntomas esterotipados eran los de los hombres. Sí, el característico dolor de brazo sucede solo en varones. En las mujeres el dolor se centra en el vientre, pero esto no se sabía porque nadie se había tomado el tiempo de estudiarnos. Lo que padecen los hombres es lo que se estudia y lo en lo que se basan medicamentos y tratamientos.

Hace poco surgió el debate de la píldora anticonceptiva para los hombres. Un estudio que evita que las mujeres sean las únicas “disponibles” para el control hormonal de la fertilidad se cancela porque una MINORÍA de varones se quejaba de síntomas como dolor de cabeza, pérdida de apetito sexual, aumento de peso y cambios de humor. Estos síntomas son los típicos que tenemos las mujeres debido al proceso natural de la fertilidad, pero si los varones los sufren entonces son dignos de detener toda la investigación. Quiero hacer hincapié en que dichas píldoras son de 3era y 4ta generación, en absoluto que ver con las primeras probadas en mujeres que ahora son consideradas de emergencia por su alto contenido hormonal.

Estudios de exclusión nos han dicho por siglos que las mujeres no tienen desarrollada la inteligencia matemático-espacial y que por lo tanto no es posible que destaquemos en campos como la arquitectura, la física o la programación. Por otro lado, los hombres carecen de las habilidades lingüísticas y de cuidado que nosotras desarrollamos porque “somos mujeres”, por ello profesiones y oficios como maestras, enfermeras y cuidadoras son identificadas con nosotros. La maternidad es utilizada como un arma contra las mujeres y llamando a las profesiones “femeninas”.

Ser mujer no debe ser condición para inscribirse en uno u otro campo de las ciencias, por supuesto que si nos compran bebés de plástico que cagan, mean, comen y lloran y a ellos coches rápidos de carreras y patinetas que los incitan a la aventura, nosotras nos quedaremos con aquello conocido y normativo. Pero basta.

Muchas mujeres, bueno, varias mujeres han destacado en campos lógico-matemáticos, lingüísticos y de la salud. No podemos creer que lo que tenemos entre las piernas o entre las axilas determina nuestro intelecto o nuestro talento. En la segunda entrega de esta columna vienen esas mujeres destacadas. Por lo pronto, no dejes de cuestionarte.

 

 

Autoras

Aureliana es una mujer que pasa sus días armando rompecabezas y buscándolos. Quiere resolver el mundo. Quiere eliminar cualquier tipo de jerarquía que esclavice.

Aureliana

Artista visual que escribe cuando el mundo de mierda se le viene encima.

Betza Violencia

Mujer, feminista, psicóloga clínica y psicodramatista en formación, busca en su trabajo la vinculación del Arte, herramienta que permite puentes entre la razón, la emoción, el mundo interno y el que puede ser exteriorizado en la creación humana. Actualmente trabaja en el Centro de Atención Psicológica, Arte y Consultoría como psicoterapeuta y en la creación de proyectos artísticos con enfoque terapéutico.

Eliza Tabares

(Estado de México, 1992) estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM. Decimonónica. Apasionada. Feminista porque no hay otro modo de ser, otro modo de ser human@ y libre.

Estefania

Lidice Villanueva

Magally Gallegos

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