Existen muchas afirmaciones sobre el sexismo. Algunas de ellas aseguran con tal tenacidad, que es invento de las feministas para hacer que las mujeres del mundo sean víctimas constantes de una realidad libre de discriminación y de violencia de género. Claro que hablar desde un contexto ya “normal” significa rechazar todo lo nuevo u ocultar todos aquellos imperfectos.

 

Y ¿a qué va todo esto del sexismo? Primero utilizaremos una definición de este concepto tan sonado últimamente para explicarlo. De acuerdo a la Real Academia Española el sexismo es la “discriminación de las personas por su sexo”, simple y claro, rechazamos a alguien por tener sexo masculino o femenino. Lamentablemente, no es tan sencillo como se conceptualiza, pues el sexo no nos define enteramente como hombres o mujeres, faltan dos términos muy importantes. El primero el llamado rol de género, es decir el papel que tenemos en la sociedad y la identidad de género, que podría resumirse en que tan cómodas y cómodos nos sentimos con el sexo y el rol y, por supuesto, cómo lo manifestamos día a día. El hecho de que las mujeres actualmente podamos ir a trabajar, votar, tener bienes, educarnos, obtener puestos importantes, entre otras cosas no nos da una vida libre de sexismo pues existen maneras de manifestarlo tan sutiles que parecen normales, más aún si no las cuestionamos. No es que busquemos de qué quejarnos porque no tenemos mucho o nada que hacer, el señalar y modificar las actitudes sexistas es un trabajo duro y cansado aunque no lo parezca. Para dejar más claro lo anterior,  quiero retomar dos ejemplos de como se puede manifestar el sexismo.

 

Hace unos meses estaba en el trabajo y tuvimos que desplazarnos de lugar. Como yo no ubicaba la zona por ser nueva, le pedí a un compañero que fuera conmigo en el carro para que me dijera por dónde irme. Pasamos 3 cuadras, yo estaba manejando cuando el me dijo: “Manejas muy bien, pero sigo con miedo’’. Le cuestioné qué era lo que pasaba y me contestó: “Ya sabes… de verdad manejas bien, sólo no me puedo sentir seguro’’. En aquel momento me incomodó y le comenté que, si era por el dicho de mujer al volante peligro constante, dijo que sí. Le compartí que dentro de mi experiencia todas las personas pueden manejar bien o mal sin importar su género. La enseñanza ya estaba, él veía y experimentaba como manejaba pero, por ser mujer, no podía sentirse seguro conmigo al mando.

 

Otro ejemplo es el acoso sexual callejero. Hace algunos meses, las chicas de la colectiva Morras, caminaron por las calles de Ciudad de México para hacer notar la vivencia de todas nosotras cuando salimos. Algunos de los comentarios que recibieron fueron cosas como: “pues es que miren como van vestidas”, “si pasan por esas zonas ¿cómo no lo esperan?” y “no están tan buenas como para silbarles”, entre otras expresiones de un sexismo tan profundo que muy pocos se cuestionan. Denunciar estas manifestaciones  sexistas, y las que faltan, no es un grito histérico feminista (ojo, que esa frase también es sexista) es un grito de denuncia y alto a la violencia contra nosotras. ¿Por qué no creernos? si somos las que vivimos el acoso, a las que nos dicen cómo y qué vestir, qué hacer y no hacer con nuestros cuerpos, cómo vivir nuestra sexualidad, somos las que sufrimos las violaciones, las que somos atrapadas en las redes de trata, a las que mutilan los genitales, a las que les pagan menos por el mismo trabajo, a las que no contratan por estar o poder estar embarazadas y lamentablemente, somos también las que vivimos el feminicidio.

 

Esto no quiere decir que cualquier comentario es sexista, lo será si justificas o reproduces el machismo. Cuestionar todo es el primer rechazo a estas actitudes, con preguntas como:  ¿Por qué le pregunto qué tenía puesto cuando me comenta que le silbaron?, ¿por qué juzgo a una mujer por su vestimenta?, ¿para qué tengo que meterme en las decisiones de las mujeres sobre sus cuerpos?, ¿de verdad ellas tienen que darse a respetar o yo las debo respetar por el simple hecho de que SON PERSONAS?, ¿En serio me cuestiono si ella es capaz de hacer algo? entre otras que pueden ayudar a ver que tan sexistas somos al momento de relacionarnos.

 

 

El respeto se da a todo ser de este planeta por el simple hecho de que compartimos un lugar en el mundo. No le pertenecemos a nadie, ni nadie nos pertenece y mientras esto no sea claro y practicado, seguiremos viviendo en el mundo que mucha gente no cree que existe: un mundo machista, violento y discriminatorio.

Autoras

Aureliana es una mujer que pasa sus días armando rompecabezas y buscándolos. Quiere resolver el mundo. Quiere eliminar cualquier tipo de jerarquía que esclavice.

Aureliana

Artista visual que escribe cuando el mundo de mierda se le viene encima.

Betza Violencia

Mujer, feminista, psicóloga clínica y psicodramatista en formación, busca en su trabajo la vinculación del Arte, herramienta que permite puentes entre la razón, la emoción, el mundo interno y el que puede ser exteriorizado en la creación humana. Actualmente trabaja en el Centro de Atención Psicológica, Arte y Consultoría como psicoterapeuta y en la creación de proyectos artísticos con enfoque terapéutico.

Eliza Tabares

(Estado de México, 1992) estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM. Decimonónica. Apasionada. Feminista porque no hay otro modo de ser, otro modo de ser human@ y libre.

Estefania

Lidice Villanueva

Magally Gallegos

Ninde

Noyola